miércoles, 11 de abril de 2007

La Dama Blanca
La metáfora que usó el Almirante Godoy, jefe de la Armada, para referirse a la fragata Libertad, no pudo ser más apropiada. Ayer se formalizó la entrega del buque insignia por parte del Astillero, donde se realizó una reparación de media vida. Además, se crearon los habitáculos para mujeres
Por Esteban M. Trebucq De la Redacción de Hoy El director de la banda José Saracho ordenó la marcha de Malvinas; presurosos los gavieros comenzaron a exhibir su agilidad y pasmosa frialdad en las alturas. Agustín Barros y Carlos Montenegro, de Punta Alta, hicieron honor a la denominación de su ciudad natal: treparon hasta los 49 metros del mástil mayor y los restantes se repartieron en las lustrosas vergas inferiores. Debajo, en tierra firme, la ministra de Defensa Nilda Garré era escoltada por la plana mayor de la Marina nacional hacia el buque escuela, embajador itinerante e insignia de nuestra Armada: la Fragata Libertad. La escena se presentó en la celeste mañana de ayer en el Astillero Río Santiago (ARS), donde trabajan más de 2.600 personas. Fue un día calificado como histórico, ya que se formalizó la entrega del buque creado en 1956 en este mismo enclave ensenadense, que ahora culminó los integrales trabajos de reparación de media vida. La fragata lució impecable, como nueva, pero con la misma mística de aquellos días. El almirante Jorge Omar Godoy, Jefe del Estado Mayor General de la Armada, ya había realizado el parangón más acorde para la ocasión. Se refirió al barco de inmenso velamen e impactante mascarón de proa como la Dama Blanca. La comparación no pudo ser mejor. Entre las diversas refacciones, modificaciones y mejoras, se incluyó la creación de los habitáculos para mujeres. El 7 de abril emprenderán el primer viaje de formación, desde el puerto de Buenos Aires, las guardiamarinas Lourdes Vitale, Romina Messina, Cintia Maisares y Andrea Villagra; todas bajo las órdenes del capitán de navío Pablo Vignoles, que ayer ofició de anfitrión y guía a bordo de la remozada embarcación, que ya pasó 6.524 días en aguas profundas, unos 17 años. Antes de recorrer la fragata, el titular del ARS, Julio Urien agradeció a los trabajadores el esfuerzo realizado, recordó que los marineros argentinos cuando navegan en bravías aguas del mundo recuerdan la nobleza de los buques que nacieron en este lugar, el cual fue ícono de la industria nacional y aguantó la embestida neoliberal. El almirante Godoy, ubicado a escasos metros de la Madre de Plaza de Mayo Adelina Alaye en el palco principal, destacó que es más complejo hacer una reparación de media vida como la que se realizó que construir un nuevo buque. “Fue casi un milagro dejar como nueva a esta vieja fragata”, dijo a su turno Garré, flanqueada por el arzobispo de La Plata monseñor Héctor Aguer. Les deseó buen viaje a la tripulación, y en especial a las cuatro mujeres, a las que les transmitió un “cálido abrazo”. Para la travesía de instrucción faltan algunos preparativos. De hecho, recién esta mañana desde las 10 el buque insignia, que ahora cuenta con nueva motorización que le permitirá navegar a 12,5 nudos de velocidad crucero, partirá hacia el puerto porteño. Ayer, en el acto, Urien esbozó la posibilidad de que el Astillero también realice trabajos de mantenimiento en el rompehielos Almirante Irízar, que actualmente realiza la campaña antártica. Luego, la ministra Garré señaló que su intención es que se reparen los barcos de la Armada en este mismo lugar. Ya con los gavieros en lo alto, quienes habitualmente contribuyen para desplegar las 27 velas de dacrom (un derivado del polipropileno), se diferenció la gaita de la banda de música de la escuela Naval. Atronaron las notas de la San Patricio en honor al padre de patria en el mar, el almirante irlandés Guillermo Brown. En la popa de la fragata, Garré, Urien y Godoy rubricaron el papel que formalizó la entrega del buque, que ya esta lista para volver a su hábitat natural: los mares del mundo. Había ingresado al ARS en octubre de 2004.